Florencia y Pisa en 24 horas y 86,78 euros

Viajar no tiene porqué ser caro siempre y cuando tengas la suficiente flexibilidad y estés dispuesto a ser frugal. En esta ocasión mi objetivo era volar en solitario a un lugar en el que no hubiera estado nunca, visitarlo paseando sin ninguna prisa, dormir y aprovechar también parte del día siguiente para terminar regresando a casa por la tarde. En resumen: un par de días de cambio de aires al menor precio posible.

Llegué a Florencia hacia las 11 de la mañana en un autobús directo desde el aeropuerto de Pisa. El autobús te deja en Santa Maria Novella, la estación central de ferrocarril. Subes una rampa, caminas unos centenares de metros al lado del andén lateral y sales a la zona frontal de la estación, delante de la cual está la oficina de turismo.

Autobús Pisa - Florencia

Entré para pedir un mapa de la ciudad y la encontré desierta de turistas pero llena de mujeres uniformadas esperando atender a alguien. Me acerqué al mostrador más cercano, saludé, empecé a solicitar el mapa y la señora que estaba delante de mi me interrumpió para informarme de que debía retroceder, dirigirme a una máquina situada al lado de la puerta de entrada, apretar un botón y recoger el papel con un número que la máquina me dispensaría. Así lo hice. Inmediatamente después sonó un aviso y en una pantalla grande apareció mi número asociado al mostrador en el que había estado unos segundos antes. Buon giorno, me dijo la misma señora.

Sales de la oficina de turismo, andas siguiendo la Via Panzani y en pocos minutos llegas a la catedral de Florencia y te quedas sin respiración. He visto muchas catedrales, pero creo que ninguna me ha producido la emoción que sentí al plantarme delante de Santa Maria del Fiore. La combinación de mármoles blanco, verde y rojo me maravilló, y la cantidad de detalles que se aprecian en cualquier lugar del edificio me dejaron al borde de un Stendhal.

Florencia | Catedral

Estuve casi una hora apoyado en la valla del Battistero di San Giovanni mirando extasiado esa fachada e intentando no perderme nada. Es imposible: demasiado para un cerebro humano medio. A pocos metros detrás de mi un guitarrista compartía una excelente actuación, y toda la zona estaba ocupada por millones de japoneses palo-de-selfie-en-mano inmortalizando todo lo que se pueda inmortalizar. Varios militares patrullaban la zona, vendedores ambulantes mostraban su mercancia a los japoneses y un par de mujeres pedían limosna indiscriminadamente y con un estilo muy agresivo (llegaron incluso a parar la actuación del guitarrista para pedirle parte de la recaudación, lo que provocó una discusión algo subida de tono).

Florencia | Tursta japonesa maquillándose antes de hacerse selfies

Florencia | Turista japonesa haciéndose selfies después de maquillarse

Es curioso como en un mismo momento se pueden concentrar tantas historias distintas que comparten el mismo escenario. Jóvenes cuya tarea es hacer decenas de fotos a su novia hasta que ella está contenta con lo que va a publicar en Instagram, familias y jubilados que pasan corriendo sin levantar la vista porque se han entretenido en la última atracción y el paraguas de su guía se aleja peligrosamente, florentinos que de la costumbre pasan sin ver a los turistas, personas que esperan a otras personas y se van impacientando con el paso de los minutos, sindicalistas que se manifiestan contra los despidos de una gran empresa, parejas vestidas de recién casados que intentan hacerse fotos imposibles en las que solo aparezcan monumentos pero no personas, rateros que están pero no se ven, gente contenta, gente enfadada, gente ilusionada, gente desesperada, gente, gente, gente… y al final estoy yo, que solo contemplo pero que también soy gente para la otra gente. Mira ese: ¿qué debe hacer ahí parado tanto rato? Igual trama algo, vámonos.

Florencia | Manifestación

Un plato de pasta con tomate, un café y un buen paseo por delante de algunos de los lugares más emblemáticos de la ciudad. Grandes esculturas, arquitectura que impresiona, el viejo puente sobre el río Arno, un par de bonitas librerías. A media tarde me dirijo al Michelangelo’s Relais, donde tengo reservada una habitación. Está muy cerca del centro y es un lugar sencillo pero bien arreglado. Me descalzo y me tiro en la cama a reposar un rato.

Florencia | Pasta con tomate

Al poco rato empieza a sonar el timbre de forma insistente. Dos nuevos huéspedes: Jayson y Mae. Dado que los propietarios se han ido, abro la puerta e intento ayudar a que puedan contactar con ellos. Un par de días antes de la fecha reservada te envían un correo electrónico para preguntarte a qué hora tienes previsto llegar. Jayson no respondió a ese correo y han tenido suerte de que por lo menos yo estuviera ahí en ese momento.

Mis vecinos temporales viven en Londres pero están de viaje por Italia. Mae (no estoy seguro de si debería escribir May, o quizá otra variante) es de Milán y han estado allí visitando a su familia. Mientras ella localiza a los propietarios Jayson me explica que él es inglés pero su familia es de Filipinas, y empezamos a hablar de esto y de aquello. Me pregunta si tengo familia y le digo que sí (casado y con dos hijos), y cuándo le explico que esta vez tocaba viajar solo y que es algo que tanto G como yo hacemos cada cierto tiempo (porque es bueno estar a solas con uno mismo, en un entorno nuevo, y pensar) casi le explota la cabeza. You have already taught me something… that’s brilliant! I should tell Mae (o May) about it… not sure if she is gonna like the idea.

Los dejo con sus gestiones y me voy a ver la ciudad desde Piazzale Michelangelo. Preciosa. Ya ha anochecido y empieza a lloviznar, así que no es cuestión de pasar mucho tiempo allí. Me siento en una escalinata en la que muchos están contemplando las vistas y observo mientras escucho las conversaciones. No entiendo a la mayoría, pero de repente me llegan las voces de tres chicas que hablan en catalán. Una de ella está en Florencia de Erasmus y las otras dos han ido a hacerle una visita. Las primeras semanas fueron difíciles, pero ahora que ya empieza a desenvolverse un poco mejor con el italiano está empezando a disfrutarlo todo mucho más.

Florencia

A la mañana siguiente juego al gato y el ratón con la otra persona que está alojada con la pareja inglesa-italiana-filipina y yo. Sé que es una persona y no una pareja, pero no consigo averiguar si es hombre o mujer. El baño es compartido e intento coincidir con ella en la zona común: buenos días, qué tal te va, de dónde eres… esa es mi idea. Pero enseguida me doy cuenta de que evita conscientemente coincidir con otra gente, así que acepto el reto y finalmente consigo dejar el alojamiento sin haberme cruzado con ella en ningún momento. De sociable a uraño en pocos minutos.

Desayuno en una cafetería y me voy paseando hasta la estación. Hoy cogeré un tren hasta Pisa y visitaré la ciudad antes de regresar a casa.

Florencia | Estación de tren

Pisa es la Piazza dei Miracoli, básicamente. Allí están la catedral, la torre inclinada (¡está realmente muy inclinada!) y los japoneses. Hago algunas fotos, paseo por la esplanada y por las calles del casco antiguo y me refugio en la universidad cuando empieza a arreciar la lluvia. Aprovecho para comer allí mismo (un sandwich) y cuando veo que el tiempo da una tregua me pongo a caminar hacia el aeropuerto. Digo hacia el aeropuerto, y no hacia el tren para el aeropuerto o hacia una parada de taxis, porque Pisa permite ir andando hasta el aeropuerto. Cuatro quilómetros totalmente urbanos, unos cuarenta minutos.

Pisa | Torre inclinada

Los 86,78 euros:

  • Avión ida y vuelta: 30,58
  • Aparcamiento del aeropuerto: 13
  • Autobús Pisa-Florencia: 7,50
  • Tren Florencia-Pisa: 8,40
  • Un enchufe que tuve que comprar: 3
  • Propina para el guitarrista: 1
  • Comida: 21,30
  • Postal y sello para la familia: 2

Pisa | Adiós