El día que Chancay me dio la bienvenida e hice turismo en un coche de policía

Chancay está a poco más de una hora de Lima. De allí conozco a Rosa, una amiga que primero fue alumna en un curso que impartí en Madrid. En cuanto supo que iba a estar en Perú me invitó a que fuera a comer con su familia; Ana María, residente en Lima y amiga de Rosa, me acompañaría desde la capital.

Ir a Chancay no es fácil para un extranjero que nunca ha estado en Perú. Quedé con Ana María en la puerta del hotel Antigua Miraflores y de allí nos fuimos en un taxi hasta un punto indeterminado del norte de la ciudad. El taxi nos dejó en un lugar con bastante actividad humana que se desarrollaba alrededor de vehículos aparcados de forma más o menos desordenada. Serían las siete de la mañana.

Taxi en Lima, Perú

¿Huaral?, dijo Ana María. Sí, señora. Nos subimos al coche vacío, el conductor se queda en el exterior y empiezan a pasar minutos sin que parezca pasar nada.

– ¿A qué estamos esperando?
– A que lleguen otras dos personas que tengan que ir a Huaral. Hasta que no se llene el coche, de aquí no salimos.

Desierto peruano desde la ventana del coche

Finalmente el coche se llena y salimos por el desierto peruano hacia Huaral, punto en el que deberemos buscar otro taxi que nos llevará a nuestro destino final. En la parte delantera van el conductor y un joven casi enterrado en bolsas, y en la trasera Ana María, un señor y yo en medio de ambos. El señor va durmiendo durante casi todo el camino; obviamente, para él la experiencia es mucho menos excitante que para mi.

Camino a Chancay, Perú. Un señor durmiendo en el taxi

Al llegar al centro de Chancay veo a Rosa correr apresurada hacia el taxi. Vamos, vamos, ¡que empieza la ceremonia de izado de la bandera! Así que, sin apenas tiempo para saludarla, empiezo a correr hacia la muchedumbre que ocupa la plaza de armas.

Una banda de música infantil, agentes de policía, autoridades de la ciudad y muchos ciudadanos de todas las edades. Si no recuerdo mal, me explicaron que cada domingo la gente de la ciudad se reúne en la Plaza de Armas y rinde tributo a la bandera de su país. Ocurre en Chancay y en tantas otras ciudades peruanas, una costumbre por otro lado creo que común en bastantes zonas de Latinoamérica. Ese domingo, además, celebraban el día del maestro.

Mi amiga me hace colocarme en primera fila, yo pensando que es para que no me pierda nada de la ceremonia. Saco la cámara, me pongo a grabar, sale el alcalde, empieza a hablar. Y de repente me da la bienvenida a la ciudad, explica lo que voy a hacer en Perú, me hacen pasar adelante junto a varias profesoras que hoy van a ser homenajeadas y todos me aplauden. La banda empieza a tocar, izan la bandera, comienza el desfile. Las profesoras y yo presidimos. Alucinante.

Por la tarde volverán a darme la bienvenida, esta vez en la presentación oficial que el Coro Infantil de Chancay hace en la Escuela Pequeña Belén. Ahora, al terminar la ceremonia de la Plaza de Armas, me presentan al alcalde y al jefe de la policía y charlamos unos minutos antes de que Rosa y Noemi, que es historiadora y guía, me muestren la ciudad. Como necesitamos un vehículo el alcalde habla con el jefe de policía y nos asignan uno de sus coches y dos agentes. Turismo por Chancay en un coche patrulla que nos lleva, nos deja, nos espera, nos recoge y nos lleva hasta el siguiente punto.
¿Quién da más? Una experiencia inolvidable.

Una calle de Chancay con el Océano Pacífico al fondo